sábado, 19 de mayo de 2012

Cuenta regresiva




© Vilma Santillán

Ya comenzó la cuenta regresiva para la inauguración de la ARS LUX Photo Gallery. Falta menos de un mes. Será, finalmente, el jueves 7 de junio a las 19, con la muestra de un joven y talentoso fotógrafo argentino: Gonzalo Santiago Salinardi.

El Estudio ARS LUX, sede de la Photo Gallery, ha sido equipado adecuadamente para que colegas, amigos y familiares puedan disfrutar de una interesante temporada de exposiciones fotográficas durante 2012.

En próximas entradas publicaremos más información sobre esta primera muestra.

[consultas: info@arslux.com.ar]

lunes, 23 de abril de 2012

Sencillamente fotos



© Vilma Santillán (texto)


Por tercer año consecutivo Guadalupe Freiria González y Humberto Farro, fotógrafos y directores del sitio web www.fotorevista.com.ar dedicado exclusivamente al arte fotográfico, han concretado un sueño: el de editar, de manera colectiva, un libro de fotografías, tanto en papel como en versión digital. Y, de esta manera, han permitido que muchos más, entre los que me incluyo, sean partícipes de dicho sueño, hoy convertido en realidad.

Sencillamente fotos III” se presentó el pasado 13 de abril en el Centro Cultural del Sur de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Así mismo, ese día se expusieron allí las 228 páginas del libro, ampliadas y copiadas en papel fotográfico, iniciando de esta manera una exposición itinerante por el país. Hasta el 30 de este mes pueden verse en el citado centro cultural.


[+ info en: www.fotorevista.com.ar ]

jueves, 1 de marzo de 2012

Acerca de la velocidad de la luz (Parte II)



© Lic. Mauricio Rinaldi (texto)

Durante el mes de septiembre de 2011 se realizaron experimentos cuyos resultados asombraron a la comunidad científica internacional. Se trata de la constatación de neutrinos, unas partículas que viajan más rápido que la luz. En efecto, se proyectaron haces de neutrinos desde el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN), en Francia, hasta el laboratorio de Gran Sasso, en Italia, haciendo que estas partículas recorrieran una distancia de 730 km. La sorpresa fue verificar que el tiempo empleado para recorrer esta distancia fue de 60 nanosegundos menor de lo que lo habría hecho la luz.
El físico Dario Auterio del Instituto de Física de Lyon, Francia, y miembro del proyecto OPERA que estudia la oscilación de las partículas subatómicas en cuyo contexto se observó este nuevo fenómeno, presentó los resultados obtenidos aclarando que “las mediciones se han apoyado en una larga acumulación de estadísticas en OPERA, en el entorno de 16.000 operaciones, en el marco de una campaña geodésica precisa y de una serie de mediciones calibradas llevadas a cabo con técnicas diferentes y complementarias". Sin embargo, aún hay reserva sobre lo que estos resultados puedan significar, por lo que no se promulgan interpretaciones de lo observado. En este sentido, el director general del CERN, Rolf Heuer, pidió prudencia en la divulgación de la información, ya que, de confirmarse los resultados, gran parte de la teoría de Einstein se vería invalidada. Para Heuer, no debe pensarse que Einstein estaba equivocado; primeramente se debe estar seguro de que estos experimentos se han realizado convenientemente y realizar un experimento diferente para corroborar la corrección del fenómeno. En su actitud de extrema prudencia, Heuer no descarta una posible interpretación: si se toma un mapa, la distancia entre dos puntos es un valor determinado; pero, ¿si el espacio variara y la velocidad fuera la misma?

[+ info en: www.abc.es y www.elmundo.es ]

martes, 21 de febrero de 2012

Fotos


Albúmina española (colección particular de Vilma Santillán)


 
El 11 de diciembre del año pasado la revista dominical del diario La Nación publicó un artículo escrito por el actor y escritor argentino Enrique Pinti titulado Fotos. Dado que trata sobre el cambio tecnológico que ha sufrido el arte fotográfico a partir de la introducción de la tecnología digital a distintos aparatos que hoy nos acompañan diariamente y su relación con el recuerdo y la memoria individual y colectiva, me pareció interesante compartirlo con todos aquellos que no han tenido la oportunidad de leerlo en su momento.

“Por alguna extraña razón no tengo registro fotográfico de mi persona entre los catorce y los veinte años, cosa rarísima porque mi familia siempre fue bastante obsesiva con las fotos. Teníamos un ataque documentalista y mi padre ponía al pie de cada imagen la fecha, el año y el acontecimiento. Desde la primera entrada al cine Baby (hoy teatro Ateneo) para una sección de dibujos animados y cortos de Chaplin, hasta el primer día de clases con guardapolvo y una cara de traste por el madrugón (la mañana siempre fue conflictiva para este gordito dormilón), pasando por cumpleaños, casamientos, reuniones varias y hasta una foto de familia en la sala de nuestra casa, fechada en 1942, mi evolución física quedó inmortalizada en una enorme cantidad de fotos en blanco y negro que engrosaron varios volúmenes de álbumes. Veraneos en Mar del Plata, hasta el año 1944. Luego hubo vaivenes económicos que no permitieron gastos superfluos; en esas épocas a nadie se le ocurría endeudarse por una semana de vacaciones, se gastaba cuando había y cuando no había no se gastaba a cuenta, así de simple. La rigurosa foto de primeros pantalones largos a los trece, la del ingreso al secundario y después se acabaron las fotos. A mi familia se le pasó al furia fotográfica, quizá porque la edad del pavo no resultaba tan atractiva como la del bebé con el culito al aire recostado en almohadones o la del nene disfrazado año tras año de pollito, holandés, mexicano, gaucho, cadete, pirata o zorro, ¡vaya uno a saber!

Quizá también coincidía con esa etapa turbulenta del paso de la pubertad a la adolescencia con cambios físicos y desórdenes glandulares, deseos nuevos, represiones viejas, forúnculos y granitos inoportunos, algo de acné, odio a las malditas materias de un bachillerato con un poquito de todo y nada de nada, enfrentamientos con padres, profesores, preceptores y aquella amenaza de mi época de que llegaría a los veinte con la puta colimba vaya a saber en qué lejano rincón de la patria. Fuera por lo que fuere, no tengo fotos de esos momentos que no fueron sólo conflictivos, sino que también significaron la concreción de sueños como el hecho de comenzar en el teatro.

¿Por qué no tengo registro de mis primeros pasos en un escenario? Quizá los tuve y las tinieblas de la memoria luego de tantos años me los hicieron olvidar y sucesivas mudanzas lograron extraviarlos. No sé, sólo puedo recuperar mi imagen en amarillentas fotos del año ’59 al representar en el inolvidable Nuevo Teatro, dirigido por Alejandra Boero y Pedro Asquini, El burgués gentilohombre de Molière, obra que por una hermosa vuelta del destino representé hasta el mes pasado en el Teatro San Martín y, debo decir, de ésta tengo cientos de fotos. Es que hoy la foto no es aquella ceremonia familiar con rollo, revelado y álbum para el recuerdo; en estos tiempos cada ciudadano se ha convertido en fotógrafo profesional y con sus celulares registran cuanta cosa se les cruce. Desde famosos a la salida de los teatros y canales de televisión hasta perros haciendo sus necesidades, pasando por romances fugaces, relaciones sexuales propias y ajenas y tirada de arroz en la puerta de algún registro civil.

Mucha gente no sabe manejar el telefonito y no aciertan con botones y focos, pero eso no los amilana en lo más mínimo y siguen registrando imágenes. Lo que no se sabe es a dónde van a parar esas fotos. Muchas veces se borran, otras están en discos y se proyectan de vez en cuando en el DVD familiar, pero para el dinosaurio que esto firma nada puede reemplazar a la foto impresa guardada celosamente en cajas, archivos caseros o el viejo y querido álbum. Las fotos impresas pueden deteriorarse, perderse en mudanzas como puede haberme pasado con las imágenes de mi adolescencia, pero tienen el encanto de lo intangible, de lo que nos hace jóvenes para siempre con mucho más sentido y autenticidad que dudosas cirugías y Photoshop al borde del ridículo. Ya sabemos que muchas veces decimos ¡quemá esas fotos! Por muchos motivos, por muchas negaciones y por muchas personas que nos dañaron, nos defraudaron y que ahí están, abrazados a nosotros con sonrisas engañadoras. O también queremos quemarlas porque nos recuerdan qué jóvenes éramos y qué brillo en la mirada ostentábamos. Por lo que sea, yo prefiero la vieja y querida foto impresa.”

© Enrique Pinti

[+ info en: www.lanacion.com.ar ]

lunes, 13 de febrero de 2012

La fotografía y la iluminación: un diálogo de la luz intermedia




© Mauricio Rinaldi

Como sabemos, la palabra “fotografía” se compone de dos raíces griegas: photos (luz) y graphos (trazo/dibujo), de manera que su significado sería un dibujo de luz. Y es eso precisamente de lo que se trata: de lograr una imagen a partir de un esquema de luces que se capta mediante el objetivo de la cámara y se fija sobre una superficie interior de la misma (película o chip). Pero, para que esto sea posible, debe haber luz en el exterior de la cámara. Parece evidente, pero no siempre se piensa en lo que es más evidente. En efecto, el fotógrafo es ese artista que sabe observar el juego de luces dado en un espacio. Observa las sombras que producen los volúmenes, las intensidades que dan zonas de diferentes claridades, los colores de la luz que modifican los colores de los objetos, etc. Así, el fotógrafo sabe cuándo una escena es digna de ser fotografiada o cuándo no merece que se le destine un disparo. Su ojo evalúa las posibilidades plásticas de lo que ve y decide el carácter de la imagen definiendo apertura de diafragma, tiempo de exposición, encuadre, plano, ángulo de toma, etc.

Pero, si bien es cierto que el fotógrafo sabe cómo manipular los elementos visuales que observa, también es verdad que la luz puede ser manipulada para lograr que el espacio iluminado adquiera un carácter determinado. Esto nos pone frente a otra figura paralela a la del fotógrafo: la del iluminador, es decir, ese artista que manipula las características de la luz para obtener un resultado visual a partir de un espacio. El iluminador elige así las posiciones de las luces que generan sombras, sus intensidades para definir centros de interés, sus colores que aportan emociones, sus difusiones y sus aperturas. De esta manera, una buena imagen se obtendrá iluminando adecuadamente la escena y luego observando lo que permite hacer a la cámara.

Una idea se me ocurre entonces: el fotógrafo y el iluminador hacen lo mismo, pero al revés. El fotógrafo toma la luz que hay en un espacio y la introduce en una caja. El iluminador coloca luz en una caja y la proyecta hacia el espacio. De esta manera, la imagen se logra por un doble aspecto: poner luz en una caja (la luminaria) para proyectarla hacia el espacio logrando un carácter del mismo, y luego tomar esa luz introduciéndola en otra caja (la cámara) para fijar ese resultado visual. Así, es la luz la que interviene como sustancia intermedia entre dos dispositivos: la luminaria que devela el espacio y la cámara que la capta.

domingo, 29 de enero de 2012

Acerca de la velocidad de la luz (Parte I)

© Lic. Mauricio Rinaldi (texto e imagen)

La velocidad de la luz en el vacío es por definición una constante universal de valor 299.792.458 m/s2 (suele aproximarse a 3•108 m/s), o lo que es lo mismo 9,46•1015 m/año; esta última cifra es la usada para definir un intervalo llamado año luz.

Se simboliza con la letra c, proveniente del latín celéritās (es decir, celeridad o rapidez), y también es conocida como la constante de Einstein. El valor de la rapidez de la luz en el vacío fue incluida oficialmente en el Sistema Internacional de Unidades (SUI) como constante el 21 de octubre de 1983, pasando así el metro a ser una unidad derivada de esta constante.

La rapidez de la luz a través de un medio que no sea el vacío depende, entre otros factores electromagnéticos, de su permitividad eléctrica y de su permeabilidad magnética. En medios materiales, esta rapidez es inferior a c y queda codificada en el índice de refracción. En modificaciones del vacío más sutiles, como espacios curvos, efecto Casimir, poblaciones térmicas o presencia de campos externos, la rapidez de la luz depende de la densidad de energía de ese vacío.

Hasta la época de Galileo Galilei (1564-1642) se creía que la luz era instantánea, lo cual equivale a decir que tenía velocidad infinita. Sin embargo, como agudo observador y hombre de ciencia, Galileo sospechó que la luz debía tener una velocidad definida, por lo que se decidió de medir esta velocidad. Para ello, ideó un experimento colocando dos linternas (F1 y F2) en colinas separadas 1km entre sí. En cada colina se coloca un observador. El experimento consiste en que el primer observador destapa su linterna y, cuando el segundo observador en la otra colina ve la luz, destapa a su vez su propia linterna. En ese momento el primer observador verá la luz de la segunda linterna y se medirá el tiempo que la luz ha necesitado para recorrer la distancia desde el primer observador hasta el segundo, y del segundo al primero. El concepto del experimento es correcto, sin embargo, la velocidad de la luz es tan alta que Galileo no pudo obtener un resultado razonable.




Varios fueron los hombres de ciencia que intentaron medir la velocidad de la luz. A continuación damos los resultados que obtuvieron a lo largo de la historia.

1676 - Römer (Francia): 200.000 km/s
1729 – Bradley (Inglaaterra): 304.000 km/s
1849 – Fizeau (Francia): 313.000 km/s
1862 – Foucault (Francia): 293.000 km/s
1876 – Cornu (Francia): 299.990 km/s
1880 – Michelson (EE.UU.): 299.910 km/s
1883 . Newcomb (Inglaterra): 299.960 km/s
1906 – Rosa y Dorsey (EE.UU.): 299.781 km/s
1923 – Mercier (Francia): 299782 km/s
1926 – Michelson (EE.UU.): 299.796 km/s
1940 – Heuttel (Alemania): 299768 km/s
1950 – Bergstrand (Suecia): 299.792,7 km/s
1950 – Essen (Inglaterra): 299.792,5 km/s
1951 – Asñakson (EE.UU.): 299.794,2 km/s
1952 – Froome (Inglaterra): 299.792,6 km/s
1956 – Edge (Suecia): 299.792,9 km/s

Hasta hace poco se consideró que la velocidad de la luz era una velocidad límite, es decir, que no había ninguna partícula que pudiera superar esta velocidad. En efecto, Albert Einstein calculó este fenómeno, utilizándolo luego en la formulación de su teoría de la relatividad en 1905. Sin embargo, un experimento reciente hizo que este umbral científico fuera puesto en duda. Al respecto hablaremos en una próxima nota.

domingo, 22 de enero de 2012

Fotografía familiar, memoria y patrimonio




© Vilma Santillán (texto)
Fotografía: álbum familiar de la autora

Según el diccionario, legado es “un regalo hecho en testamento” y legatario es “quien lo recibe”; por lo tanto, desde el momento en que se recibe un legado éste pasa a formar parte del patrimonio del legatario.

El patrimonio de un individuo no sólo está compuesto por cosas materiales, tangibles, sino también por intangibles. Dentro de estas dos categorías se puede encuadrar un legado fotográfico familiar según el nivel de lectura o de análisis que se haga: uno científico, académico, en relación con los procesos, las técnicas y los materiales usados para la obtención de la imagen fotográfica; y otro emocional, en relación con la atmósfera que las fotografías evocan y los momentos, personas y lugares rescatados del olvido.

Se podría incluso añadir un tercer nivel de análisis a los dos anteriores: antropológico o sociocultural, a partir de la documentación de los modos y las costumbres que quedan registrados en la imagen fotográfica, constituyendo ésta así un sistema de referencias a una época y a un tiempo determinados.

Un legado fotográfico familiar permite reconstruir tanto la historia familiar como la no-historia familiar, es decir, por qué faltan imágenes de ciertos familiares; por qué algunos de ellos han sido recortados, arrancados de la imagen; qué recuerdos se han querido preservar y cuáles otros olvidar… También, el álbum de familia sirve para establecer las figuras de referencia que simbolizan el ascenso social, la voluntad política, el poder económico, social y cultural de cada familia individualmente, configurando una memoria familiar individual que pasa a formar parte de la memoria colectiva de un grupo humano determinado (pueblo, país, nación).